En redes sociales, apareció un chiste que dice que “esta pandemia es una mega razón para no tener niños”.
Estoy lejos de desconocer el cansancio que genera criar o cuidar a otras personas, pero aun sí te propongo que tener niños es al mismo tiempo una “mega oportunidad”.
Para que entiendas a qué me refiero, te hablaré de distintos modos de relacionamos con nuestros niños en esta época de confinamiento, y para ello tengo que hablarle también al niño o niña que habita en tu interior.
Estar confinados, voluntariamente o por cuarentena, implica una tensión entre al menos tres preocupaciones:
- mantenernos con vida
- seguir generando los recursos para sostener nuestras vidas
- lograr que nuestras vidas sigan valiendo la pena ser vividas
Hay muchas personas que desgraciadamente se están debatiendo sobre todo en la primera de estas necesidades, y ellas requieren otro tipo de apoyo.
Pero también habemos personas que tenemos más opciones, y ahora sí quiero dividirlas en dos:
una primera gran opción, es replegarnos emocionalmente, y apartar la mirada de lo que está pasando, o sobre reaccionar con ira o pánico
la otra gran opción, es compartir el dolor que implica retroceder en nuestras libertades personales, así como detenernos en nuestra fragilidad, en las de los demás, y abrirnos creativamente a lo que viene.
En la primera opción (del repliegue), perdemos capacidad de relacionarnos propositivamente las cosas que nos están sucediendo a nuestro al rededor, y difícilmente empatizamos con las cosas que les están pasando a nuestros niños también.
Te doy algunos ejemplos:
- Los adultos estamos sometidos a la incertidumbre de cuándo y en qué condiciones volveremos a salir a la calle; los niños también, y además están sometidos a los vaivenes de los ánimos de los adultos
- Los adultos estamos expuestos a la doble presencia laboral; los niños también, entre el tele-colegio y la casa
- Los adultos sentimos temor por algunas noticias que andan dando vuelta; los niños también, y además les cuesta más diferenciar qué es fantasía y qué es realidad
- Los adultos hemos dejado de movernos y nos hemos vuelto más sedentarios; los niños también, en una época en que están cimentando la relación con sus propios cuerpos
- Los adultos hemos perdido el contacto estrecho con otra gente; los niños también, y además en una época en que recién aprenden quienes son en el mundo
- Los adultos estamos sobre-expuestos a las pantallas; los niños también, y además nos cuentan con los circuitos para desengancharse plenamente desarrollados
Pero ahora viene el centro de la cuestión: si bien los niños dependen de nosotros, y no pueden esconder su fragilidad tanto como nosotros los adultos, también son especialmente sensibles y creativos.
Posiblemente tú no tengas certezas sobre lo que se nos viene, así como yo tampoco las tengo, y por eso mismo necesitarás sacarle partido a tu creatividad.
Jugar implica conectarnos profundamente con lo que somos, y esto alivia a los niños porque les permite aprender a simbolizar sus experiencias, pero también nos permite a los adultos sacudir nuestras viejas certezas, y considerar nuevas perspectivas de las cosas, y de lo que verdaderamente importa.
De manera que jugar con tus niños es más que ser compasivo con ellos: es hacerte un favor a ti mismo/a también.
Si puedes hacerlo, hazlo.
Si, en cambio, notas que las demandas de tu vida actual te sobrepasan, o que te inundas con dificultades pasadas poco elaboradas, pide ayuda.
¡A seguir Sigamos cuidándonos!
